Oclusión defectuosa: cuando la mordida no cierra como debe
La oclusión es la forma en que sus dientes de arriba y de abajo se encuentran al morder. Cuando ese contacto está desalineado —lo que se llama maloclusión— la fuerza de la masticación se reparte mal, y eso pasa factura con el tiempo.
Cómo se nota
- Dientes que se desgastan de forma despareja.
- Molestia o “cansancio” en la mandíbula.
- Piezas que se aflojan o se fracturan sin causa aparente.
- Dolores de cabeza o de cuello relacionados con la mandíbula.
- Sensación de que “no encuentra dónde morder”.
Por qué importa
Una mordida defectuosa concentra fuerza donde no debe. Esa sobrecarga desgasta el esmalte, daña la articulación y acorta la vida de sus dientes, coronas o implantes. Corregirla no es solo comodidad: protege toda su boca.
Cómo se trata
El primer paso siempre es el diagnóstico: estudiar cómo cierran sus dientes y qué está causando el desequilibrio. Según el caso, la corrección puede incluir ajuste de la mordida, rehabilitación de las piezas desgastadas, férulas o la reposición de dientes ausentes que descompensan el contacto. Todo se planea antes de empezar.
Preguntas frecuentes
¿La maloclusión siempre necesita ortodoncia? No siempre. En adultos con desgaste o ausencias, muchas veces se resuelve con rehabilitación de la mordida.
¿Puede causar dolor de cabeza? Sí, una mordida desequilibrada puede relacionarse con tensión en mandíbula, cuello y cabeza.